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miércoles, 16 de junio de 2010

Siempre a tu lado, Hachiko

¡Hola a todo el mundo!
Hoy os traigo la "reseña" de una película preciosa. Bueno, preciosa es quedarse corto.

Se trata de Siempre a tu lado, Hachiko.

Basada en una historia real ocurrida en Japón  a principios de la década de los 20, Siempre a tu lado, Hachiko es un film que retrata a la perfección la lealtad y los lazos que se crean entre un humano y un perro. Lazos que perduran hasta más allá de la muerte.

Cuenta la historia de un Akita (perro de raza oriental), Hachiko, (cuyo nombre significa "8, el número de la suerte") que encuentra a su dueño; no, mejor, a su compañero (no me gusta la palabra dueño para estos casos) en la estación de tren en la que se pierde siendo un cachorro.

Cuando el profesor Wilson (interpretado por Richard Gere) vuelve de trabajar en el último tren de la tarde, encuentra al pequeño perdido en la estación. Al no poder quedarse en otro sitio, el profesor decide acogerle temporalmente, hasta que el dueño del animal aparezca.
Poco a poco la relación entre los dos se va estrechando, y la mujer del profesor (reacia desde el principio a que el perro se quedase en casa) opta por permitir que el perro encuentre un hogar al lado de su marido.

Todos los días, Hachiko acompaña a su dueño a la estación y se vuelve a casa. Más tarde, cuando es hora de que su amo vuelva, sale de casa y lo espera en la estación pacientemente.

Un día, Hachiko acompaña al profesor hasta la estación pero, desgraciadamente, él no regresa.
Hachiko, siempre fiel y leal a su compañero apesar de que todos le advierten de que jamás regresará, vuelve todos los días a las cinco de la tarde para esperarle. Incluso se escapa de su nuevo hogar (con la hija del profesor y su marido) para regresar a la estación y esperar al profesor.

Pasan diez largos años, y el perro no desiste. Sigue yendo todos los días, llueva, haga sol o nieve, a esperar a su dueño a la estación. Un buen día, tras tanto esperar, Hachiko  logra reencontrarse con su dueño.

Os advierto que si sois extremadamente sensibles (como una servidora) necesitaréis tener los pañuelos a mano. Y la música no ayuda para nada.
No os voy a decir que no la veáis, porque una película así no puede quedarse en el olvido.
Todo el mundo debería verla.
Es un claro ejemplo de lo que significa la lealtad y el amor. De como jamás hay que desistir cuando se trata de alguien a quién quieres y aprecias. De como hay que estar a su lado hasta el final de nuestros días si hace falta.

Os recomiendo encarecidamente esta película, y le agradezco profundamente a mi amiga Pilar que me la recomendara a su vez a mí :)

Un beso,
Alice